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viernes, 24 de octubre de 2014

El Lazarillo de Tormes


Todo espectador de teatro debería ver, al menos una vez en la vida, a Rafael Álvarez “El Brujo”. Su manera de contar historias de autores clásicos, de acercarlas a un público que puede, o no, estar acostumbrado a ese tipo de lenguaje, y conseguir que ambos sectores del público salgan exactamente igual de satisfechos de la función, es de un nivel que sólo pueden alcanzar los grandes.

Durante cuatro días, del 23 al 26 de octubre, el cómico que ha llenado él solo y varias veces el Teatro Romano de Mérida, acerca su inacabable gira del “Lazarillo de Tormes” a Navarra. Gracias a la recién estrenada Red de Teatros de Navarra, y a la que muchos espectadores tenemos que dar las gracias, puede verse la versión de Fernando Fernán Gómez por las diversas casas de cultura de la zona (el 23 en Zizur Mayor, el 24 en Noáin, el 25 en Alsasua y el 26 en Mutilva).

Del pícaro lazarillo poco o nada podríamos añadir que no haya sido dicho con anterioridad, con lo que sólo queda alabar de nuevo la labor de “El Brujo”, personaje, sobrenombre o alter-ego del actor que, mezclándose con él en un sinfín de improvisaciones, sería capaz de realizar una función contando sólo algunas de las aventuras que ha tenido representando el Lazarillo.

En la primera función (el 22 en Zizur) hubo alguna falta de decorado (aunque por fin apareciese a mitad del espectáculo) y ciertos patinazos con el enrevesado texto (no es fácil llevar siete monólogos en la cabeza, como explicó) que provocaron la necesidad de improvisar mucho, en ocasiones utilizando recursos y burlas algo fáciles. Único reproche, pues aun así, el cómico fue capaz no sólo de salvar con genialidad las inclemencias sino de agarrarlas por los cuernos y conseguir que sirvieran de volante para una función extremadamente divertida, en la que no faltaron en ningún momento los aplausos.

Tres días restan a la minigira que El Brujo realiza por los alrededores de Pamplona. Nadie debería perderse esta pequeña joya que ensalza la palabra y el humor, y otorga la posibilidad de ver a un cómico que ha conseguido con el tiempo convertirse en un género en sí mismo.

“El Lazarillo de Tormes”, versión de Fernando Fernán Gómez. Dirección e interpretación: Rafael Álvarez “El Brujo”. Duración: 90 minutos.
Casa de Cultura de Zizur Mayor, 23 de octubre de 2014.

miércoles, 27 de agosto de 2014

Pluto


Cuenta la leyenda que Zeus dejó ciego a Pluto, el rey del dinero, para que no fuera consciente de cómo repartir su riqueza entre las personas, lo que provocó la desigualdad y diferencia de clases. Lo que se desconoce es qué sucedería con un reparto justo, y probablemente nunca se sepa. Por eso el final de la comedia de Aristófanes queda abierto: el mismo dilema se presentaba hace 2500 años y no hemos sido capaces de llegar a una conclusión.

El planteamiento de Magüi Mira, su directora, es el de una comedia musical deslenguada, casi una revista, que se acerque lo máximo posible a nuestra actualidad para que la historia resulte reconocible, y en parte lo consigue. Sin embargo, por otro lado da la sensación de que el espectador asiste a ese acercamiento de forma algo brusca y poco aprovechada; se intenta calzar el mensaje político casi en cada intervención, y por mucho que tenga el texto que ver, no siempre funciona y acaba por cansar.

Tampoco las canciones cumplen del todo con el objetivo que pretenden. Aunque no desentonan y están bien interpretadas, no puede evitarse la sensación de que sin ellas el espectáculo quedaría cojo y de que el texto, de no mucha enjundia, necesita aderezos para poder convertirse en función.

Para la función en el Niemeyer se apostó por realizar un recorte de recursos, presentes en el festival de Mérida, que quizá debería revisarse. Se eliminó al coro formado por diez personas, que seguro aportaban mucha más espectacularidad a la obra, y se dejó sólo a un músico de los cuatro iniciales. Aunque el coro sería aconsejable de aquí a futuras funciones (lástima que también incrementaría gastos), la música que aporta Marco Rosa –también coautor de los temas junto a Gurruchaga- basta y sobra para ambientar magistralmente todo el montaje, y no necesita ningún tipo de apoyo.

Cada montaje tiene sus distinciones, y en este caso destaca positivamente la propuesta de que todos los actores formen un coro oculto tras máscaras pero siempre presente en escena (bello homenaje a la tradición clásica), que rompe su formación cuando hay una nueva intervención, con movimientos coreográficos, también presentes durante las canciones. Esta coreografía de Denise Perdikidis, así como el vestuario de Caprile (muy presente últimamente en nuestro teatro), resultan ser de lo más destacable de este “Pluto”.

Las interpretaciones tienen buena intención y son correctas, pero sin ninguna maravilla. Cierto es que el montaje acaba de estrenarse y con unas cuantas plazas más mejorará, pero ya de por sí el texto no destaca por aportar personajes complejos. Javier Gurruchaga es el protagonista indiscutible de la función, aportando a sus dos papeles su manera de actuar tan característica. Destacan también Marcial Álvarez, cuyo Crémilo es bastante más acertado que su Don Luis de "La dama duende", y Juan Meseguer, de breve intervención pero muy resultona. Los demás tienen, por desgracia, participaciones menos agradecidas, que sólo consiguen arrancar alguna sonrisa debido a los añadidos cómicos propios de la adaptación de Emilio Hernández, por lo general bastante fáciles.

“Pluto” es una historia simpática, entretenida y que además pretende remover conciencias, lo cual siempre es positivo. Sin embargo, el planteamiento no acaba de despegar y termina por resultar una sátira que aunque curiosa de ver, no aporta mucho.

Valoración: 2,5/5
“Pluto”, de Aristófanes. Reparto: Javier Gurruchaga, Marcial Álvarez, Jorge Roelas, Ana Labordeta, Marisol Ayuso, Juan Meseguer, Sergio Otegui, Toni Misó, Cayetano Fernández. Dirección: Magüi Mira. Duración: 105 minutos.
Centro Niemeyer, 15 de agosto de 2014.

lunes, 4 de agosto de 2014

Las dos bandoleras



“Las dos bandoleras” es uno de los textos menos conocidos de Lope de Vega, y el cierre de temporada de la Compañía de Teatro Clásico, tras la que se ha embarcado en una gira por los festivales de teatro clásico que pueblan España durante los meses de verano, como el de Almagro o el de Olite, que se ha encargado de clausurar.

La trama es, de partida, atractiva y atrevida para una época en la que la mujer no salía muy bien parada (aunque Lope siempre fue en sus obras fiero defensor de la figura femenina). Dos jóvenes chicas caen rendidas ante los encantos de dos soldados que, tras conseguir intimar con ellas bajo promesa de un futuro matrimonio, las dejan a su suerte, deshonradas y sin prometido. Para recuperar la honra, y por no hacer a su padre partícipe de su desgracia, optan por exiliarse y aniquilar como venganza a todo hombre que se encuentren por el camino.

La premisa se presenta entretenida, pero el texto no le acompaña. Si se trata de uno de los textos menos representados de Lope, quizá sea por algo. Por mucho que sea uno de nuestros mayores referentes, todo humano tiene sus momentos álgidos y bajos, y en este caso las rimas no resultan en absoluto agradables al oído y cuesta en exceso seguir los diálogos. Si aun así la adaptación del texto fuese resultona, conseguiría en parte salvarse, pero resulta bastante discutible la elección de entremezclar otro texto poco conocido del mismo autor y de parecido hilo (repetimos la jugada) para ver si entre ambos se consigue realzar la historia.

El espectáculo no funciona, y resulta más chocante viniendo de gente tan experimentada e inteligente como Marc Rosich y Carme Portacelli, que nos regaló hace un par de temporadas uno de los montajes más estremecedores que se han visto últimamente (“Nuestra clase”).

Las interpretaciones están más o menos (no todas) a la altura del texto, lo cual no es bueno. No se observa una compañía cohesionada, aunque sí mucho trabajo y el bagaje que da haber sido representada ya en muchas ocasiones. Por un lado, Macarena Gómez presenta poca articulación en el verso y poco recurso dramático (como si su Teresa no tuviese ningún tipo de progresión, y sólo estuviese o en calma o encabronada, sin intermedios). Carmen Ruiz se maneja mejor con el verso, y pone su empeño en hacer más reconocible y actual un texto complicadísimo, pero tampoco termina por funcionar.

Destacan las interpretaciones de los protagonistas de la historia paralela (sorprendentes Gabriela Flores y Llorenç González como Leonarda y Don Carlos), aunque sus intervenciones dan la constante impresión de que pintan bastante poco y no son capaces de aportar mucho. El resto del reparto (Helio Pedregal, Álex Larumbe, David Fernández, David Luque y Albert Pérez) rinde con corrección ante una historia de personajes poco lucidos. Es una pena no verlos representar otro montaje que les dé alas en lugar de frenarlos, pues seguro que el resultado sería mejor.

La escenografía resulta cuando menos sorprendente y representa, para variar, otra traba más al desarrollo de la acción. Tanto el suelo en cuesta como los tres mazacotes amarillos, más que aportar, dificultan la tarea de levantar el espectáculo. Sumando la lluvia que amenazaba constante con suspender el espectáculo ya comenzado, la atención recaía sobre cómo se desenvolvían los intérpretes ante tantísima dificultad en lugar de sobre el texto, dando la sensación de gymkhana, más que de una obra de teatro.

El montaje, aunque largo en exceso debido a la discutible adaptación, resulta por momentos entretenido gracias a la sucesión rápida de escenas, las complicadísimas y muy bien resueltas peleas de espadas, y la comicidad que aportaban tres de los personajes masculinos.

Valoración: 2/5

“Las dos bandoleras”, de Lope de Vega. Reparto: Carmen Ruiz, Macarena Gómez, Helio Pedregal, Gabriela Flores, Llorenç González, David Fernández “Fabu”, David Luque, Álex Larumbe, Albert Pérez. Dirección: Carme Portacelli. Duración: 130 minutos.
Festival de Teatro Clásico de Olite, 2 de agosto de 2014.

jueves, 31 de julio de 2014

La banda de Lázaro



Basado en la novela “El Lazarillo de Tormes”, y apoyado por la banda municipal de música de cada localidad en que se represente, “La banda de Lázaro” es un espectáculo ambientado en los años 40 que cuenta con un maestro de ceremonias que viaja de ciudad en ciudad narrando las aventuras y peripecias de un pícaro muy entrañable, adornándolo con canciones de la época.

Pedro Miguel Martínez es el encargado de guiar al público por los entresijos del texto de género picaresco y autor anónimo, y sobre él recae todo el peso de la función, sin un momento de respiro, pues también se encarga de interpretar las canciones. Todas cuentan con acompañamiento en directo por parte de, en este caso, la Banda de Música Municipal de Olite, capitaneada por Carlos Lizarazu, que no desmereció en absoluto ni el ritmo ni la calidad del espectáculo.

Si bien como montaje teatral no contiene toda la cohesión que precisa y las canciones son simples adornos que no aportan acción ni descripción, sí que cumple su objetivo y funciona como entretenimiento festivo, y como espectáculo de variedades. Tampoco es Pedro Miguel Martínez un maestro del canto, aunque nadie dijo que esto sea requisito indispensable en un montaje así, e intención y ganas no le faltan.

Merece una mención especial la emotiva y solemne interpretación del clásico “Suspiros de España”, dedicada a todos aquellos jóvenes que han de emigrar de nuestro país a la búsqueda de mejores oportunidades (premisa apta para la ambientación de posguerra del montaje, e inteligente guiño a la actualidad).

Se trata de un montaje singular, y cada función del mismo es única, pues merece prepararse por separado por parte de la banda de cada municipio para más tarde coordinarla con el actor. Espectáculo diferente que hizo las delicias de los espectadores, y sin mayor pretensión que ser un entretenimiento simpático basado en uno de nuestros más grandes clásicos. Fue un agradable pistoletazo de salida para el XV Festival de Teatro Clásico de Olite, del que iremos comentando más montajes.

Valoración: 3/5
“La banda de Lázaro”, basado en el texto “El lazarillo de Tormes”, de autor anónimo. Reparto: Pedro Miguel Martínez y la Banda de Música Municipal de Olite. Dirección: Antonio Laguna. Duración: 60 minutos.
Festival de Teatro Clásico de Olite, 18 de julio de 2014.

miércoles, 31 de julio de 2013

Tomás Moro, una utopía



Llega el calor, y con él también el fin de temporada teatral, y el momento en que surgen los distintos festivales veraniegos que encierran propuestas de lo más variado, como el Fringe madrileño, que llega estos días a su fin. Otros festivales, de mayor trayectoria, y algo más convencionales, son los que aprovechan espacios arquitectónicos únicos en su especie y muestran al público las recreaciones de clásicos tanto de nuestra dramaturgia como de la extranjera.

Uno de ellos, ya en su decimocuarta edición, y curioso por ofrecer teatro profesional en nada menos que las puertas de un hermoso castillo, es el Festival de Teatro Clásico de Olite, donde se programó el pasado fin de semana la última producción de la Unir, Universidad Internacional de La Rioja, “Tomás Moro, una utopía”, estrenada en el Festival de Almagro.

Escrita (revisitada, más bien), entre otros, por Shakespeare, y versionada por Ignacio García May, la obra está dirigida por la imparable Tamzin Townsend. La historia de Tomás Moro es bien conocida, si no por cultura general, por la famosa película “Un hombre para la eternidad”, aunque en esta ocasión es un planteamiento diferente para el mismo personaje.

Así como el largometraje se centraba en el proceso completo de discusión entre Tomás Moro y Enrique VIII acerca de la separación entre monarquía e Iglesia, la obra de teatro procura recortar pasajes menos importantes para centrarse en decisiones fundamentales de la historia tomadas por personajes como Cromwell, Rochester o Wolsey y añade otras escenas algo innecesarias pero más ligeras y atractivas; da de esa forma mayor importancia al entretenimiento y al “hecho teatral” que a lo histórico.

Se centra en el personaje de Tomás Moro como trabajador, marido, padre, preso, etc. Moro es otra de las figuras vilipendiadas de la historia, al igual que pasaba con Helena de Troya en “Juicio a una zorra”. Es alguien que no recibió mayor reconocimiento, y sin embargo estuvo dispuesto a perder familia, amistades y llegar hasta la muerte sólo por defender aquello que creía correcto, siempre manteniendo alertas la inteligencia y un sentido del humor que, en ciertos momentos, resulta escalofriante.

Vestuario y escenografía simples; reparto cohesionado, sin altibajos. José Luis Patiño realiza una labor encomiable encarnando a Tomás Moro, ofreciendo al personaje gran dosis de empatía con el público, como ha de hacerse cuando se intenta acercar un personaje histórico relevante que dota de poca repercusión a los espectadores; la gente no ha de olvidarlo. Richard Collins-Moore es la otra cara de la moneda: narrador, actor, historiador, etc. Son muchos los papeles que, sin cambio de vestuario, construye este intérprete más que solvente y de gracia natural. Impresionante el momento del pañuelo actuando ante junto a Moro. Ambos levantan el montaje sin problema.

A resaltar las proyecciones en el decorado trasero, que si bien no son imprescindibles, ayudan a ambientar cada escena en su contexto, y los palos situados a los lados del escenario, que sirven de apoyo a los actores para resaltar pasajes importantes, elevados a distintas alturas.

Es un montaje que quizá no atraerá por sí solo a demasiado público a los teatros sin estar enmarcado en, como decimos, un festival de teatro clásico de renombre. No en estos momentos de deceso, al menos. Aun así, la obra tiene calidad, es muy entretenida y además se aprende, cosa que no siempre puede decirse, y es algo muy positivo de los festivales de clásicos.

Valoración: 3,5/5

“Tomás Moro, una utopía”, de Shakespeare, Munday, Chettle, Dekker y otras fuentes. Versión de Ignacio García May. Reparto: José Luis Patiño, Richard Collins-Moore, Lola Velacoracho, Silvia de Pé, Sara Moraleda, Manu Hernández, César Sánchez, Paco Déniz, Chema Rodríguez-Calderón, Jordi Aguilar, Ricardo Cristobal. Dirección: Tamzin Townsend. Duración: 100 minutos.

La Cava, Festival de Teatro Clásico de Olite, 27 de julio de 2013.