miércoles, 17 de abril de 2013

Escénikas a medianoche



Qué bello resulta encontrar montajes muy notables cuando menos se esperan, y cuantos menos recursos poseen sus integrantes. Es el caso de “Escénikas a medianoche”, representado en la Escuela Navarra de Teatro por el grupo Trasteando, a la vez autor de la función, como resultado de un experimento conjunto con el director Álvaro Morales.

Todos los actores del grupo se formaron en la ENT, y fueron integrando sus posteriores experiencias en otros grupos y ciudades en esta obra, que ofrece la intrigante novedad de ser “teatro de objetos”, algo muy poco visto en capitales pequeñas. Esto quiere decir que una simple regadera, una caja o un embudo, pueden simular un sinfín de otros artilugios.

El teatro gestual también cobra especial importancia en esta pieza, a la que sirven fielmente los cuerpos de los actores, que dependiendo de la escena serán, entre otras cosas y lo hacen impresionantemente bien, una mesa, una silla y una máquina de escribir.

La obra está compuesta de tres pequeñas historias, integradas en una, la principal, que narra el comecome de una escritora que ha de escribir un relato para ser entregado el día siguiente y anda algo estrecha de imaginación. Si bien en algunos momentos se echaba de menos incidir en esa historia-denominador común, las tres pequeñas obras son divertidísimas y no dejan un segundo de respiro al espectador. No podría decirse cuál es la mejor, pues cada una ofrece una nueva vuelta de tuerca, desafiando la rapidez mental del público.

Por otra parte, y a pesar de que el hilo conductor sea la comedia, existe un halo de estilo policiaco por momentos, y una crítica feroz a diversos sistemas políticos y prácticas de tremenda actualidad, sirviendo así una mezcla de, como ellos mismos dicen, diversión y desahogo.

Momentos a resaltar son el hilarante comunicado de ETA, la escena de los novios en la morgue y la compenetración de la pareja de actores en la segunda historia. Superan, con mucho, el nivel esperable de un grupo cuya trayectoria no es muy amplia. Mención especial para la excelente iluminación, que por su importancia juega casi el papel de un sexto actor.

Su última función es mañana jueves 18 de abril. Muy recomendable.

Valoración: 4/5
“Escénikas a medianoche”, de Trasteando y Álvaro Morales. Reparto: Laura Villanueva, Sergio Salinas, Maider Lekunberri, Xavier Artieda, Julio Terrazas. Dirección: Álvaro Morales. Duración: 60 minutos.
ENT, 14 de abril de 2013.

viernes, 5 de abril de 2013

Otro gran teatro del mundo



Aprovechando su regreso a la cartelera madrileña este fin de semana, conviene hablar de un montaje que pudo disfrutarse hace unos meses en el Pavón, sustituyendo a la ya emblemática “La vida es sueño” (de la que pronto hablaremos). Se trata de “Otro gran teatro del mundo”, adaptación infantil de la obra de Calderón que, curiosamente, compartirá cartel en las Naves del Español con la original. Interesante idea que propone el Español y que el público debería aprovechar.

Uroc Teatro ha vuelto a enfrascarse en esa hermosa, y complicadísima en ocasiones, aventura que debe suponer el adaptar uno de nuestros clásicos para los más pequeños. En este caso además cobra especial importancia la música; de hecho, la función se encuadra en la categoría de “musical infantil” sin problema -tiene nueve canciones-.

“Otro gran teatro del mundo” se encuadra en el cumpleaños de nuestro planeta, al que Calderón ha preparado una fiesta sorpresa en la que se representará una pieza teatral en su honor. Sin embargo, el mundo se encuentra enfermo y será una niña, de nombre Alma, quien dará un giro a la historia y ayudará a explicar cuál es su enfermedad.

Se trata de una obra divertidísima, que disfrutarán tanto niños como mayores. Es, probablemente, la mejor creación de esta compañía en cuanto a teatro infantil se refiere, y llevan unas cuantas. Cuentan además, por primera vez, con un decorado construido específicamente para este montaje, y un vestuario acertadísimo –el mundo/astronauta está especialmente conseguido-, lo que, por muy buena labor actoral que haya, añade atractivo visual para el espectador.

Sin embargo, la sorpresa principal con que nos encontramos fue la calidad de las canciones que van sucediéndose a lo largo de la obra, compuestas todas por Antonio Muñoz de Mesa. Resaltan la pieza que la abre, que no sólo es pegadiza –confirmado en primera persona-, sino que tiene una calidad mucho mayor a otras que copan las listas de ventas; y el hilarante tema del “piano” en el que Calderón explica a la niña las razones por las que hay que dejarse llevar y aguantar lo malo que pueda venir.

Los actores están espléndidos, sabiendo exagerar lo justo para que los pequeños entiendan mejor la historia y para que los mayores no pierdan la atención, y destacan las cualidades vocales de Celia Vergara y Víctor Ullate Roche en las canciones.

Se trata de un espectáculo tremendamente recomendable para que los padres lleven a sus hijos a ver algo distinto y muy entretenido, con su lado didáctico y su parte juguetona. Es, probablemente, lo mejor que hemos visto dentro del teatro infantil, y ojalá siga programándose no sólo las mañanas de los fines de semana, pues merece la pena.

Valoración: 4,5/5
“Otro gran teatro del mundo”, de Calderón de la Barca, versión de Antonio Muñoz de Mesa. Reparto: Antonio Muñoz de Mesa, Nines Hernández, Rosa Clara García, Víctor Ullate Roche, Celia Vergara, Victor Gil / Manuel Mata, Nuria Sánchez, Iván Villanueva. Dirección: Olga Margallo. Duración: 80 minutos.
Teatro Pavón, 30 de diciembre de 2012. 

miércoles, 20 de marzo de 2013

Fisterra



 Dos mujeres coinciden en un taxi camino a Finisterre, el “fin del mundo”. Una de esas ellas es Paz, una taxista gallega, y la otra Antonia, una peculiar pasajera catalana que se dirige al susodicho destino para esparcir las cenizas de su difunto marido en el mar. Juntas emprenderán una aventura sin vuelta atrás en la que nada es lo que parece, ni siquiera una vez que el público parece tenerlo todo claro. Cada una ha guardado durante años su historia a escondidas, y todo saldrá a flote a bordo de ese taxi, o alrededor de él.

No puede destaparse más de esta entretenida y salvaje historia. Cualquiera que no sepa la sinopsis y simplemente vea el cartel podría pensar que se trata de una versión modernizada y feminista de “Paseando a Miss Daisy”, de Alfred Uhry, sobre todo sabiendo que la pasajera iba a ser interpretada, en un principio, por la veterana Ana Diosdado. Nada más lejos de la realidad. Un humor mordaz, irónico y bastante bestia, principalmente en la segunda mitad de la pieza, colman una obra que busca sin excusas la libre carcajada del personal.

Si bien es cierto que la trama está plagada de giros inesperados, por momentos se echa de menos un humor algo menos escatológico y deslenguado. Hay escenas bastante tópicas, como la del vino, y quizá no le haga daño un recorte de un cuarto de hora al montaje, de modo que pueda resultar menos repetitivo. Los parlamentos finales son demasiado largos para lo que se cuenta (hablan de temas que podrían dar mucho de sí, pero tampoco están tan bien escritos).

Eva Hache se aleja por una vez de su faceta como monologuista para ofrecernos un protagonista en una obra cómica. De partida debería ser suficiente para que no parezca que seguimos asistiendo a un programa del Club de la Comedia, pero no. Sigue manteniendo sus dejes, que sin duda le funcionan y es lo que la mayor parte del público va buscando. Aunque nos parezca una excelente monologuista, esto no es suficiente para los que somos, en teoría, más exigentes. Simplemente no notamos diferencia.

Lo mismo pasaba con “la Hierbas” de Isabel Ordaz cuando asistimos, allá por 2006, a la desconcertante “Cuando era pequeña, gritaba”, de Sharman McDonald, un drama en toda regla en el que los espectadores se partían inexplicablemente de risa en casi todas sus intervenciones.

La “partenaire” de Hache, Ángeles Martín, sí que acierta en la creación de su personaje, y aunque no pudimos ver su anterior montaje, “La familia de Pascual Duarte”, de Cela, apostamos que el cambio de registro no ha podido ser más brusco. Nos presenta a una despistada y delirante catalana, con un rico despliegue de matices y caracterizada además para parecer de edad algo más avanzada. Es quien recibe las mayores carcajadas como respuesta, sin que parezca que las va buscando, al contrario que su acompañante, y demuestra mucha experiencia teatral a sus espaldas. Aun así, la química entre ambas es innegable.

Con un decorado sencillo y peculiar, centrado en un coche (del que entran y salen las protagonistas para dar más dinamismo a la acción, algo que se agradece), unas estructuras negras a cada lado y muy poco atrezzo, “Fisterra” es realmente un “tour de force” actoral que cojea intermitentemente de una pata, y un texto muy cómico pero también extremadamente trillado.

Tras el musical “Pegados”, que recibió dos premios Max, el binomio Ferrán González-Víctor Conde parece que sigue funcionando para la mayoría del público, que salió encantado de esta función. Aun así, algo nos dice que esta nueva pieza, a pesar de ofrecer un rato agradable, no va llevará una andadura tan larga ni críticas tan unánimes como aquélla. Hay mucho y mejor para ver.

Valoración: 2,5/5
“Fisterra”, de Ferrán González. Reparto: Eva Hache, Ángeles Martín. Dirección: Víctor Conde. Duración: 100 minutos.
Teatro Gayarre, 15 de marzo de 2013.

martes, 19 de febrero de 2013

Bodas de sangre



Lorca es, sin duda, uno de los autores españoles más representativos y más completos de nuestra historia, pues reunió en una misma persona poesía, teatro, literatura y música. Sin embargo, también es uno de los autores más complicados de representar correctamente y uno de los más variables en cuanto a la calidad de sus obras se refiere. Probablemente debido al amor por su patria y a los avatares que debió sufrir en ella hasta que murió con corta edad, sus dramas son rurales pero extremadamente duros para tanto público como intérpretes.

“Bodas de sangre” es una de sus obras más conocidas, y uno de sus dramas más complicados, pues aúna la historia de una familia desgarrada, algo de por sí poco fácil de levantar en escena, con el poder de la simbología, lo que enreda aún más el experimento. Antes de asistir a una representación lorquiana, ayuda inimaginablemente saber, por ejemplo, que la luna simboliza la muerte o que el caballo es signo de virilidad y pasión sexual.

Para quien no conozca la historia, “Bodas de sangre” habla de un futuro matrimonio entre los hijos de dos familias, cada una con su particular historia. La madre del novio ejerce gran influencia sobre el Novio, y vive atormentada por el fallecimiento de su marido y su joven hijo; y la Novia se verá acorralada, en los momentos previos a la boda, por un antiguo amor que ya creía olvidado pero que invertirá el rumbo de los acontecimientos. No es cuestión de desvelar más, al tratarse de un montaje que tarde o temprano vuelve a las carteleras, y ya el propio título se encarga de dejar patente que el final no será muy alegre.

La compañía El Bardo ha optado por una escenografía austera, gran acierto, basada en un par de biombos, unas sillas y algún elemento de atrezzo colocado en las escenas correspondientes. Lo mismo puede decirse del vestuario. Y la iluminación está acertada igualmente imprimiendo, con ayuda de la interpretación actoral, la sensación de que en el escenario se sufre realmente el caluroso verano del que tanto se quejan los personajes.

Se nota una interpretación actoral respaldada por bastante trabajo. Lástima que no pueda decirse lo mismo de las partes cantadas. Se ha intentado que la mayoría de los actores tengan su correspondiente pasaje de canto, y quizá sea demasiado pedir. La escena de los tres leñadores resulta, a pesar de que dura poco, demasiado tediosa y hace que atención y concentración desciendan en picado. Otras partes musicales, como el comienzo del espectáculo como ejemplo más claro, son excelentes y ayudan a meter al personal en el terrible acontecimiento a punto de suceder.

El reparto es amplio, de diecinueve personas, con todo lo que esto conlleva. Dependiendo de quién esté en escena, al tratarse de una compañía semi-profesional, el nivel varía considerablemente. Muy notable la Novia, un personaje nada sencillo debido a la variación de personalidad que ha de sufrir dependiendo de ante quién se encuentre; correctísimo el Novio, con una naturalidad y una cercanía que consigue acercar el clásico a nuestros días, logrando que el público se identifique con lo que le sucede; graciosa la Criada (quizá algo desbocada en ciertos pasajes); y muy bien la Madre, mejor de lo esperado: se trata de un papel muy complicado, y salvando algunos excesos gestuales, logra casi siempre convencer. Mención especial para el papel de la Suegra, quien rezuma tristeza tanto en su escena con la Mujer de Leonardo como en el dueto musical entre ambas que habla, como no podía ser de otra manera, de la luna.

Valoración: 3/5

“Bodas de sangre”, de Paco Ocaña. Reparto: Carmen Nadal, Covadonga Peralta, Carol Vázquez, Imelda Casanova, Raquel Aldaz, Elena Uriz, Ana Belén Cabrera, Noemí Alcalá, Lara García, Joana Gorriti, Javier Chocarro, Xabier Flamarique, Pablo Asiain, Javier Briansó, Urko Ocaña, Ekhi Ocaña, Fernando Eugui, Manolo Almagro, Txuma García. Versión y dirección: Paco Ocaña. Duración: 95 minutos.

Teatro Gayarre, 4 de febrero de 2013.

martes, 12 de febrero de 2013

El atribulado voto de la señá María



Podría decirse que la crisis económica ha abierto un nuevo umbral dentro del mundo del teatro y las demás artes. Parece como si un nuevo género (paralelo al drama, la comedia, etc.) se hubiera establecido, pues lo raro es no encontrar en la cartelera varias obras que hablen de este tema y las consecuencias que conlleva. A éste se ha sumado un subgénero que habla de la imperdonable corrupción política, cada vez más presente en nuestros días.

Al hilo de este tema se nos presenta “El atribulado voto de la señá María”, título basado (sólo el título) en la novela de Delibes “El disputado voto del señor Cayo”. Se trata de una sátira divertidísima que acerca la situación actual al público, poniendo como protagonistas a un político que por fin tendrá su oportunidad de hablar en el Congreso sobre un tema que, por supuesto, desconoce, y a su madre, una anciana algo peculiar.

Se trata de una comedia en tiempo real, para que el público no sólo lo pase en grande sino que también recapacite sobre qué clase de gente nos gobierna, ésa clase de gente que debería ser un servicio público y un oído nacional de las necesidades y quejas del pueblo, no aquello en lo que se han convertido.

El espectáculo comienza de forma vertiginosa, quizá demasiado, aunque es buena medida para atrapar a espectadores despistados, y logra mantener el ritmo durante toda la función, además de pasar de la comedia al drama de la manera más inesperada. Posee el divertido texto una dificultad añadida, y es que suceda a tiempo real. A pesar de que para algunos pueda parecer más sencillo, el viaje emocional por el que han de pasar los personajes ha de ser palpable por el público. No lo justifica que entre escena y escena hayan pasado días o semanas, sino que se ha de ver desde las butacas.

Marta Juániz y Miguel Munárriz, de lo mejorcito que puede encontrarse en cuanto a interpretación sobre las tablas navarras, presentan una obra original (escrita por el propio Munárriz) que quizá peque de escasa duración. Si los diálogos fueran algo más calmados y algunos silencios se aprovechasen un poco más, este tema podría solucionarse sin modificar absolutamente nada el texto.

El sencillo pero acertado decorado hace que la pelota pase directamente a los actores y su buen hacer. Ambos están espléndidos, y ella en particular. La creación de la señá María está cuidada al mínimo detalle, desde la posición en el sofá hasta la limpieza de las comisuras; Juániz vuelve a sorprender así ofreciendo algo que nada tiene que ver con lo que le hemos visto hacer hasta ahora. Munárriz tiene un papel mucho menos lucido, pero sabe aun así darle la grandilocuencia y el histrionismo que este tipo de comedias necesitan. Además, es de admirar su generosidad al escribir un texto de dos personajes con tan desigual protagonismo, legando el “papel bueno” a la otra persona. Felicitaciones a ambos.

Valoración: 3,5/5
“El atribulado voto de la señá María”, de Miguel Munárriz. Reparto: Marta Juániz, Miguel Munárriz. Dirección: La Nave. Duración: 55 minutos.
Civivox Iturrama, 7 de febrero de 2013.

jueves, 7 de febrero de 2013

Cinco horas con Mario


 


 Cuánto falta por aprender a esta nueva generación de actores televisivos (no a todos, por supuesto) que asoma inmerecidamente por las pantallas de nuestros televisores, y a la vez, cuánto por reconocer a intérpretes algo más maduros, perfectos en su expresión tanto física como hablada. Seguramente pocos de los primeros se habrán acercado al céntrico teatro madrileño Arlequín a disfrutar del espectacular monólogo “Cinco horas con Mario” de Delibes, y de su Carmen Sotillo, una incomparable Natalia Millán.

Reflejo de una época, una de las más complicadas en España, el archiconocido “Cinco horas con Mario” es, a simple vista, un monólogo-conversación entre una viuda y su marido recién fallecido, de cuerpo presente. Estamos en 1966, y la mujer vela por su esposo cuando todas las visitas se han marchado. En la pieza iremos descubriendo conflictos, reproches e inseguridades del matrimonio y de ella misma, así como un análisis del enfrentamiento entre las dos Españas de aquel entonces.

El decorado del montaje resulta muy atractivo, y tremendamente coherente con la historia y el tiempo en que se enmarca la obra, a la vez que su sobriedad ayuda a centrar al público en el imponente texto. Además, la iluminación está justamente calibrada, ensalzando ciertos momentos y haciendo más íntimos otros, sin que el espectador se dé cuenta siquiera de que está modificándose. Aunque parezca algo poco importante, sería interesante saber hasta qué punto los cambios de iluminación atrapan la atención de forma involuntaria, pues seguro que no es poco.

Por si no fuera suficientemente complicado el reto para una sola intérprete, ha de lidiar con el conocimiento de que la obra fue “propiedad” de Lola Herrera durante casi treinta años, convirtiéndose en su montaje cumbre y, en algunos momentos, confesión íntima sobre su propia vida (recomendamos la excelente película “Función de noche”).

Natalia Millán no sólo supera con creces las adversidades de este complejo papel, sino que consigue transmitir una naturalidad que asusta en Carmen Sotillo, dándole tanto el tono como la apariencia física idóneos. Los movimientos, tan sencillos, llevan un trabajo detrás que poca gente podrá imaginar; y la dicción es simplemente perfecta. Como curiosidad, maravilla escuchar por una vez las “LL” bien pronunciadas, como antaño, algo por desgracia ya perdido.

No mucha gente conoce, fuera del ámbito teatral, a esta gran actriz. Durante su carrera ha ido tocando todos los palos; desde la Compañía Nacional de Teatro Clásico hasta protagonizar musicales como “Cabaret” o “Chicago”, pasando por otras joyas como “El mercader de Venecia” o “Anfitrión”, de Plauto. Viéndola ahora en este “Cinco horas con Mario” parece que el papel esté hecho para ella, a su medida, y que lleve toda la vida encarnando la desesperación y la angustia de esta triste e insatisfecha mujer.

Si bien es cierto que el texto es largo, tedioso de aprender y en ocasiones muy centrado en situaciones cotidianas, simbólicas, acompañantes de la época y no poseedoras de acción, da mucha pena ver el teatro prácticamente vacío y que tan poca gente pudiera disfrutar de tanto talento unificado en una magnífica intérprete defendiendo con maestría una obra muy nuestra.

Valoración: 4/5
“Cinco horas con Mario”, de Miguel Delibes. Intérprete: Natalia Millán. Directora: Josefina Molina. Duración: 105 minutos.
Teatro Arlequín, 29 de diciembre de 2012.