miércoles, 10 de octubre de 2012

El guardián de los cuentos



No es corriente que el género de la ópera infantil atraiga a espectadores que no tienen hijos o que no sean muy asiduos a la ópera. En esta ocasión, por razones de compromiso, pudimos asistir a una pieza que desconocíamos pero de la que salimos gratamente sorprendidos. Se trata de “El guardián de los cuentos”, con música de Miquel Ortega y libreto de Andrés Martorell.

Este montaje abre la temporada de la asociación Ópera Piccola, cuyo fin es acercar el maravilloso mundo de la ópera a los más pequeños. En tiempos en los que ir al teatro (y mucho más a la ópera) se está convirtiendo en un bien casi de lujo, es de agradecer que surjan este tipo de iniciativas, pues con precios más asequibles no sólo ofertan cultura, sino también un sano entretenimiento.

El espectáculo cuenta la historia de Adriana y Horacio, dos jóvenes de hoy en día. Ella es la más lista de la clase y él, probablemente, el más torpe, a pesar de ser el más popular. La joven lo ama en secreto y trata de ayudarle por todos los medios para que no repita curso y no estar separados. Por ello se citan en la biblioteca, donde un antiguo busto, el guardián de los cuentos, les narrará la historia de unos niños que entraron en un mágico cuento quedando atrapados en él.

Los niños se divirtieron de lo lindo en este espectáculo, y puede que en nuestro caso el disfrute fuera incluso mayor. Ver a gente tan joven trabajando codo con codo con actores de mediana edad, llevando todos a cabo un espectáculo de semejante calidad, es simplemente delicioso.

Los dos protagonistas, quizá algo encorsetados en cuanto a la actuación por falta de tablas, pero de voces prodigiosas, nos transportaron al “Libro de todos los cuentos”, por el que transitaban viejas historias infantiles como Blancanieves, Alicia en el país de las maravillas o la Cerillera. Las dos brujas y Rapunzel ofrecían momentos breves pero hilarantes. Dejaban claro que poseen más experiencia en el campo, así como el guardián.

Si bien el ritmo del montaje puede que decaiga un poco en su segunda mitad, la cuidada escenografía, el mágico ambiente creado por la Orquesta Sinfónica de Navarra, las coreografías y los números musicales tan dispares que se sucedían consiguieron que no dejáramos de prestar atención ni un momento. Puede que esto fuera por ser la primera ópera infantil a la que asistíamos, lo que acrecienta la dificultad de valorarla, pero es más probable que se deba a la música y al estupendo libreto de la misma, que culmina con un inesperado pero coherente final.

Valoración: 3,5/5
“El guardián de los cuentos”, de Miquel Ortega y Andrés Martorell. Reparto: José Manuel Díaz, Pablo García López, Paula Sánchez-Valverde, Irantzu Bartolomé, Hasmik Nahapetyan, Nekane Piñuela, María Lacunza, Sofía Esparza, Leyre Medina, Natalia Lacunza, Íñigo Etayo… Dirección: Miquel Ortega y Pablo Ramos. Duración: 95 minutos.
Palacio de Congresos Baluarte, 9 de septiembre de 2012.

sábado, 29 de septiembre de 2012

¿Quién teme a Virginia Woolf?



Comienza una nueva temporada teatral, y se presenta más que interesante, tanto por variedad como por cantidad. La calidad será valorada por crítica y público, pero la primera impresión es muy positiva. Hemos tenido la ocasión de disfrutar de uno de los primeros montajes estrenados en Madrid este septiembre, y que, por desgracia, no tendrá larga andadura. Sólo un par de semanas lo separan de su última función, en el mítico teatro La Latina.

Se trata de “¿Quién teme a Virginia Woolf?”, un ácido y violento texto de Edward Albee. Trata sobre el matrimonio, la inevitable erosión que provoca el tiempo en la pareja, el sexo, y muchos otros temas que suelen ser considerados tabúes aún en nuestros días. La obra alcanzó su culmen en su versión para el cine protagonizada por Elizabeth Taylor y Richard Burton.

La pareja protagonista de esta versión no se achanta en absoluto ante ese título cinematográfico de necesaria visión para cualquier amante del género, sino que ofrece un recital interpretativo tras el que, sin duda, han de quedar exhaustos. Hablamos de los monstruos Pere Arquillué y Carmen Machi.

Para cualquiera que, más o menos, siga este blog, es sabida nuestra pasión por esta imparable actriz, que parece que convierte en oro todos los espectáculos en los que se inmiscuye. Tras la joya “Agosto (Condado de Osage)” y la multipremiada “Juicio a una zorra”, que sigue de gira y volverá al teatro de la Abadía el próximo abril, nos presentó inesperadamente esta pieza en la que, una vez más, deja obnubilado al personal.

A pesar de que era reciente su estreno, y quizá por ello notásemos a la Machi en algunos pasajes todavía entrando en materia en comparación con sus compañeros de reparto (son los mismos de la versión catalana, estrenada la temporada pasada), es pasmosa su facilidad para acoplarse a un espectáculo ya construido, en un papel protagonista tan complicado, sin desentonar. Es un sinfín de cualidades interpretativas las que posee esta mujer, y regala a Martha una insatisfacción y rabia pocas veces vistas en nuestra escena. Es un regalo la escena en la que seduce al joven…

Aun así, hemos de quitarnos el sombrero ante Arquillué. Es la primera vez que lo vemos, a pesar de ser conscientes de su larga andadura sobre las tablas. Su George es una creación apabullante. Todo intérprete pone algo de sí mismo en cada papel, es inevitable, pero en este caso parece como si cada gesto, mirada o palabra nada tuvieran que ver con él, como si hubiera seguido de cerca la vida del personaje desde su infancia. Sencillamente impresionante.

Ambos nos presentan la historia de una pareja insatisfecha, pero que se ama tremendamente a pesar de todo. Sólo saben vivir con el otro, pero la única forma de hacerlo es convirtiendo en un infierno su existencia. Para divertirse, invitan a una pareja de jóvenes, nuevas adquisiciones del entorno de ambos, a su casa y montan una escena que acabará por írseles de las manos.

Mireia Aixalà e Ivan Benet en absoluto quedan detrás de nuestros dos protagonistas, sino que, gracias a su buen hacer, ayudan a que la función vaya creciendo y no resulte pesada, algo que no resultaría complicado debido a la incomodidad que presenta en el público (¡bendita incomodidad!).

Todo se debe a su director, Daniel Veronese, que tras la fantástica “Yo, el heredero”, nos vuelve a encandilar con sus diálogos vertiginosos, solapados, atropellados, en absoluto teatrales, lo que hace que cada historia sea tan reconocible para el público que parezca alarmantemente real.

Valoración: 4/5
“¿Quién teme a Virginia Woolf”, de Edward Albee. Reparto: Pere Arquillué, Carmen Machi, Ivan Benet, Mireia Aixalà. Dirección: Daniel Veronese. Duración: 110 minutos.
Teatro La Latina, 9 de septiembre de 2012.

sábado, 8 de septiembre de 2012

La escuela de la desobediencia



99. Es el número de funciones que se contrataron de la obra que vamos a tratar, y precisamente tuvimos la enorme suerte de disfrutar de ese número tan característico, de su cierre de gira y broche final. “La escuela de la desobediencia” ha triunfado en las salas de teatro de toda España durante el último año, y pocas propuestas podrían parecernos un mejor punto final de temporada. Por supuesto, se ha visto afectada por la crisis, y el número de espectadores no ha sido muy elevado, pero el hecho de que un montaje tan especial y diferente haya triunfado, nos parece un claro signo de que la función que vamos a explicar no tiene poca calidad.

El último de agosto pudimos dejarnos deleitar por dos artífices (cuatro, más bien) ya experimentadas de nuestras tablas, y que, como el buen vino, van mejorando conforme pasan los años. Es el caso de María Adánez y Cristina Marcos, acompañadas por Sofía Alegre y Rosa Miranda, que ofrecían el apartado musical.

Sabemos que en ciertas representaciones, ha habido público que se ha levantado a mitad de función y ha abandonado la sala, debido a lo “irreverente?” de la obra. Y es que esta “escuela de la desobediencia” trata, siempre desde la poesía, desde una dialéctica abrumadora y bañado todo de una maestría abrumadora en cuanto a movimiento y sonido, un tema muy peliagudo todavía para la sociedad actual: la sexualidad femenina.

Parece que sigue siendo un tapujo que la mujer hable de este tema. De hecho, todos los ejemplares de “L’école des filles”, atribuido a Michel Millot en el S.XVII, fueron quemados, así como su autor, que fue llevado a la horca. Ha sido Paco Becerra, encargado de la dramaturgia, quien ha rescatado los textos, y construyendo un hermoso collage ayudado de los “Raggionamenti” del mismo autor, nos presenta esta delicia.

Hemos de diferenciar cuándo algo es irreverente y falto de respeto, y cuándo se han de llamar las cosas por su nombre. No existe nada irrespetuoso en este montaje, nada que no sepamos y nada que se presente de manera soez. No existen escenas de sexo, ni violencia, ni palabras malsonantes. Todo lo contrario, de hecho. Se ha tenido un cuidado exquisito en el lenguaje y la forma, aunque seguimos mentalmente maniatados a la hora de disfrutar por igual de un montaje en un escenario y en una pantalla. Parece que cuando algo se presenta en directo está más sujeto al escándalo, aunque al final no exista ninguna diferencia.

El montaje trata, como decíamos, de la sexualidad femenina. Fanchon (Adánez), una joven adolescente que casi nunca ha salido de las cuatro paredes de su casa, recibe la visita de su tía, Susanne (Marcos), que la instruirá en el mundo del placer carnal y en todo aquello que antes las mujeres debían aprender sobre la marcha.

Sin que sea un texto ágil, con una trama creciente hasta un desenlace, las dos actrices se las arreglan para hipnotizar al público y no dejar que éste pierda una sola sílaba de sus palabras. Mención especial merece, según nuestro punto de vista, María Adánez, a la que ya disfrutamos en la notable “La señorita Julia”, y que sigue sorprendiéndonos, siempre a mejor. La evolución que ofrece a su personaje es palpable hasta para el que no esté atento, y el monólogo en la bañera es una escena que se nos quedará grabada durante mucho tiempo. En un mes se la podrá disfrutar en “La verdad”, junto al maestro Flotats.

Cristina Marcos no se queda atrás, aunque quizá su personaje presente una evolución menor. Es una magnífica institutriz, tremendamente graciosa además de dotar a su personaje de una elegancia sublime. Ambas llenan el escenario y poseen unas cualidades físicas y actorales impresionantes, guiadas bajo la batuta de un inteligente Luis Luque. Sorprendente la dicción, por cierto. Ni una palabra del complicado texto se nos escapó.

A la interpretación musical, quizá necesaria para ofrecer un respiro a las actrices y para ambientar al público en la época de la pieza, con canciones cuidadosamente elegidas, podría sacársele algo más de punta en cuanto a la ejecución, aunque para tratarse de una función teatral, la música en directo es un aspecto añadido a agradecer, más que a criticar.

Valoración: 4/5
"La escuela de la desobediencia", de Paco Becerra. Reparto: María Adánez, Cristina Marcos. Dirección: Luis Luque. Duración: 95 minutos.
Teatro Gayarre, 31 de agosto de 2012.

miércoles, 11 de julio de 2012

Los hombres no mienten


Miente quien diga que Arturo Fernández no es uno de los referentes de nuestras tablas, uno de los actores más queridos y carismáticos de nuestra escena y alguien que ha creado escuela, una manera de interpretar que, guste más o menos a espectadores concretos, tiene un éxito para nada efímero.

Muestra de ello es su “nuevo espectáculo” (lleva más de un año con él), que aparca en el Gayarre de Pamplona esta semana, de lunes a viernes, como evento teatral destacado de las fiestas de San Fermín del presente año. Tuvimos la oportunidad de disfrutar su primera función.

La propuesta tiene el título “Los hombres no mienten”, con el “no” tachado en el cartel de presentación de la obra, como referencia a lo que podemos encontrarnos en esta pieza. La obra trata sobre, como es lógico, mentiras, infidelidades, sexo, la erosión en la pareja, y algún otro tema, siempre con un nexo cómico de unión.

Es un montaje dirigido, principalmente, para la gente mayor. Son los que más lo disfrutarán. Dirigido por el propio Fernández, la obra obtuvo el premio Molière 2010 en París, aunque mucho han debido adaptarla si realmente fue la mejor obra de aquel año.

Dejemos por un momento a un lado el hecho de que Arturo Fernández se presenta mejor que nunca, a sus 83 años (aunque aparente sin problema veinte menos), dominando el territorio escénico cual si fuera el mejor torero en la plaza más fácil, con una presencia, actuación y proyección de voz insuperables, y mostrando una afinidad con su público pocas veces vista.

Pasemos, por tanto, a hablar de la obra en sí. En la primera escena (larguísima), el matrimonio se confiesa sus relaciones extramatrimoniales, reservando alguna sorpresa. En la segunda parte, el tercero en discordia (o eso parece) es invitado a una comida en la casa de los primeros (impresionante decorado, por cierto), donde se le intentará arrebatar una confesión. Y en la tercera escena, se descubre el tomate.

A la función le sobra, como poco, media hora. Y las interpretaciones, salvando a Fernández, dejan bastante que desear. Sonia Costelo, de impecable dicción (se nota su preparación como presentadora de informativos en Galicia), se presenta demasiado exagerada en ciertas escenas; y Carlos Manuel Díaz, se enfrenta a su personaje de manera algo más correcta, pero muy desigual, soltando unos chillos en momentos puntuales que hacen al espectador sentirse incluso incómodo debido a semejante histrionismo.

Por otra parte, nos parece que en este tipo de obras, en las que la improvisación juega un papel importante, hace falta una compenetración en el reparto que en esta ocasión no se muestra. Fernández es el rey de la improvisación, pero sólo en primera persona. Incluso a veces se suelta tanto que olvidará líneas de texto por momentos o dirá involuntariamente pasajes que desvelan cómo será el final, sin necesidad. Esto es perdonable, pues lo salva sin problema. Pero no deja pie a sus compañeros, ni es generoso a la hora de dejarles intervenir. Sus “no, quédate calladita” o “déjame hablar, déjame hablar” muestran cierto grado de soberbia innecesaria a la hora de actuar, y la búsqueda obligatoria de la carcajada.

El desenlace de la función está, sin embargo, más conseguido, y el mensaje final del protagonista no desentona en absoluto. Sin embargo, la sensación general que nos queda es la de una obra floja, demasiado larga y no especialmente bien interpretada, pero que tiene y seguirá teniendo éxito, debido al cariño que el público tiene a Arturo Fernández, al que, si se es aficionado del teatro, hay que ver al menos una vez en la vida.

Valoración: 2/5
“Los hombres no mienten”, de Eric Assous. Repartó: Arturo Fernández, Sonia Castelo, Carlos Manuel Díaz. Dirección: Arturo Fernández. Duración: 110 minutos.
Teatro Gayarre, 9 de julio de 2012.

viernes, 6 de julio de 2012

¡Muu!2


La compañía Yllana ha cumplido 20 años, y qué mejor forma de celebrarlo que adaptando su primer espectáculo y haciendo que regrese a las tablas. Aquél se llamaba “Muu”, y sentó, según dicen, las bases de toda su obra, plagada de éxitos (véase “Brokers”, “666”, “Zoo”…) que han tenido oportunidad de girar por todo el mundo.

Esta celebración ha tomado el fácil pero acertado nombre de “¡Muu!2”, tomando como referencia el tema del que trata (el toreo) y reseñando que se trata de un espectáculo sin palabras. Se encuentra actualmente en gira, y tuvimos la ocasión de disfrutarlo esta semana en Pamplona, como correctísimo pregón de las fiestas más taurinas del país.

La función es una sátira clown de la tauromaquia, un tema muy candente, pero también del machismo, el honor, la patria, la valentía, del maltrato animal. Ellos lo plantean como una lucha entre el torero y la bestia, encarnada por un descomunal toro, y es que el espectáculo se divide entre los preparativos antes del ruedo y la corrida (mitad y mitad en duración, aproximadamente).

Con inesperados gags a cada momento, y coreografías estudiadísimas que parecen improvisadas, Yllana se ríe de todo sin faltar a nadie, lo que, personalmente, nos parece que debería constituir la base del humor. Conseguir todas las carcajadas gracias a la caída o fallo de otra persona denota, aparte de poca imaginación, una muy triste inseguridad.

Como buenos clowns, son patosos e inocentes, aunque cada uno tiene clara su personalidad. Está el más patoso de todos, el mujeriego, el amanerado y el macho, y llevarán estas cualidades hasta el fin de sus actos. Sin embargo, también hay sketches más allá, como cuando simulan ser una vaca de parto y un ternero, escena “enternecedora” donde las haya.

Quizá por el hecho de estar dividido en dos segmentos tan claros, hay alguna parte que resulta algo repetitiva o ya vista, como puede ser la inseguridad que posee a los cuatro personajes al enfrentarse al toro; el estatismo que sufre más de uno ante él es algo que se repite varias veces durante el segundo segmento de la obra y aunque es gracioso, va perdiendo hilaridad conforme se repite. Ya lo dicen: lo poco gusta, lo mucho cansa.

A pesar de ello, se trata de una función divertidísima y tremendamente recomendable, con gags inesperados que arrancan carcajadas y aplausos a lo largo de toda la función. Al final, el público (escaso, por desgracia) vitoreó a los cuatro magníficos intérpretes durante largos minutos. Si la ven cerca, no la dejen escapar.

Valoración: 3,5/5
“¡Muu!2”, de Yllana. Reparto: Fidel Fernández, Antonio Pagudo, Luis Cao, Juan Francisco Ramos. Dirección: Yllana. Duración: 90 minutos.
Teatro Gayarre, 3 de julio de 2012.

lunes, 2 de julio de 2012

3obras3 Textos teatrales sobre San Fermín



En menos de una semana, Pamplona transformará sus colores, como cada año, en blanco y rojo, celebrando la archiconocida fiesta anual de San Fermín. El Teatro Gayarre ha organizado la primera convocatoria de textos teatrales referentes a esta celebración, y el pasado jueves 28 de junio se llevó a cabo la representación de las tres finalmente escogidas.

Fiambre
La primera obra elegida trata de un joven tartamudo que pierde a su abuelo un día antes del chupinazo y decide llevarlo muerto, en su silla de ruedas, por los distintos actos más míticos de San Fermín. Es una obra a medio camino entre la comedia y el drama, con toques de esperpento y escenas algo grotescas y surrealistas. El protagonista, Ion Iraizoz, es el encargado de traernos a este Mintxo de forma más que correcta, sin caer en la caricatura ni el chiste fácil, respetando el texto a pies juntillas y aportando a su personaje grandes dosis de ternura. Es, sin duda el papel más complicado de todos los que vimos esa noche, y uno de los mejores interpretados.

Valoración: 3,5/5
“Fiambre”, de Patxi Irurzun. Reparto: Ion Iraizoz, Pablo del Mundillo, Miguel Munárriz. Dirección: Miguel Munárriz. Duración: 30 minutos.

Los abuelos por San Fermín
¿Pueden los abuelos divertirse en San Fermín? ¿O quizá sea una fiesta solamente para jóvenes? De la manera más cómica, vemos cómo este par de… ¿cincuentones? (No están muy conseguidas las caracterizaciones) se preparan para acudir a las fiestas pamplonesas, “aun siendo de Burlada”. Es una historia reconocible, en tono cómico, que provocó sonorísimas carcajadas, pero que para nosotros quedó algo detrás de las otras dos propuestas de la noche. Se notaba a los protagonistas poco sueltos, incluso con algún despiste en el texto (puede que nos equivoquemos), perdonable, por otra parte. Se trata de una historia reconocible, algo sacada de quicio, con el propósito de arrancar las sonrisas del público, aunque quizá pierde algo de ritmo en algunos momentos puntuales.

Valoración: 3/5
“Los abuelos por San Fermín”, de Josu Castillo. Reparto: Josu Castillo, Iratxe García Uriz, Ventura Ruiz. Dirección: Ana Maestrojuan. Duración: 30 minutos.

¡Pum!
Pocas esposas de Pamplona pueden presumir de nunca haber dicho, tras las fiestas de San Fermín, la siguiente frase a sus maridos: “El año que viene, a Salou”. La historia sucede hacia las 8 de la mañana de cada día de las fiestas. Marta Juániz y Miguel Munárriz, dos monstruos de las tablas navarras, nos traen un cuento como la vida misma, imposible de escribir e interpretar otorgándole más realidad y plausibilidad. Es casi palpable el entendimiento mutuo entre estos dos actores, que nos ofrecieron las mejores interpretaciones de la noche.

Valoración: 4/5
“¡Pum!”, de Miguel Munárriz. Reparto: Miguel Munárriz, Marta Juániz. Dirección: Miguel Munárriz. Duración: 40 minutos.

miércoles, 13 de junio de 2012

La regenta



Nadie puede hacerse una idea de cuánto daño hacen los “programas del corazón” a nuestra sociedad, ni cómo pueden destrozar vidas cubriéndolo todo con un aparente entretenimiento que, para ellos, justifica los medios. Que esos programas se vean no es razón obligada para programarse. También se verían muchas otras cosas si se programaran, precisamente por el hecho de ser moralmente prohibitivas, o eso pensamos.

Relacionado con este debate (que daría para mucho) se desarrolla la nueva “Regenta”, de Marina Bollaín. Quien espere encontrarse en este montaje referencias claras a la regenta de Clarín va… claro. Precisamente el título es una de las pocas cosas que se toman prestadas de ese relato, además de los nombres de los personajes.

Ana Ozores, una mujer admirada y conocida de la vida social actual y, en apariencia, felizmente casada con un político relevante, se verá envuelta en un triángulo amoroso cuyos detalles más escabrosos serán expuestos públicamente en un programa del corazón.

La versión del texto, a cargo de la propia Marina Bollaín y Vanessa Montfort, ha optado por salir del drama de Ana Ozores y centrarse ampliamente y sin tapujos en el tema de la hipocresía que alimenta estos programas de los que hablábamos.

Nos convence sólo parte de este montaje. Hemos de dejar claro que está perfectamente (quizá demasiado) dividido en dos segmentos: el programa de televisión en el que se desnuda la identidad de Ana y la propia vida de la protagonista y sus allegados. Es ésta parte la que queda difuminada en extremo, debido a lo exagerado y la obligada grandiosidad que destila la primera.

En cuanto a interpretaciones, Mariona Ribas compone a una Ana Ozores sin personalidad, demasiado frágil y casi hasta ausente, sin intensidad. Parece que no se entera de que la obra va girando en torno a su personaje. Y cuando ya la pensábamos perdida, nos regala un final más conmovedor, que debería haber sido el comienzo de su transformación, y no el culmen.

Quien se lleva más aplausos es Chiqui Fernández, que encarna a la presentadora de televisión sin pelos en la lengua ni reparos al arrancar cabezas. Consigue que la función avance, haciendo de sus escenas los momentos más graciosos y dinámicos de la obra. Aun así, queda ciertamente exagerado el par de risas histéricas que suelta inesperadamente y sin razón aparente.

Del resto, David Luque quizá sea (sin llegar a cuajar) el que mejor entiende el pretexto perverso de su personaje, cuya transformación es la más compleja, algo que muestra conforme se desarrolla la acción. Los demás personajes quedan algo frágiles, sin terminar de explotar. Ninguno muestra fallos actorales; es simplemente que sus diálogos no tienen demasiada importancia para la historia. De hecho, el público habría entendido la historia si se eliminara más de una escena. El caso más claro es el personaje de Visitación, muy gracioso, sí, pero que no encaja en ningún momento.

La escenografía en dos alturas es una de las mejores bazas de esta función, al contrario que el vestuario, que en contra de lo que otros críticos apuntan, nos parece demasiado serio para la ocasión. Aprovechando la histeria de este tipo de programas televisivos, podría haberse optado por mayor colorido y esperpento (sobre todo en el caso de la presentadora).

Se trata, por tanto, de una función simpática aunque algo irregular, que no culmina del todo quizá por culpa de la masiva adaptación-actualización de una historia tan conocida, y que permanecerá en gira hasta 2013.

Valoración: 2,5/5
“La Regenta”, de Marina Bollaín, sobre la pieza de Clarín. Reparto: Mariona Ribas, Chiqui Fernández, David Luque, Alberto Vázquez, Paca López, Raúl Sanz, Ángel Savín. Versión y dramaturgia: Marina Bollaín y Vanessa Montfort. Duración: 90 minutos.
Teatro Gayarre, 1 de junio de 2012.